La fisonomía actual del templo arranca de 1765, aunque ya desde el siglo XIII (existe un documento de 1245) se constata la presencia de una ermita aquí. La arquitectura, tanto del exterior como del interior, es de estilo barroco. La iglesia está construida en sillería y la planta es de cruz latina. El acceso se puede realizar a través de un atrio porticado, con frontón triangular de remate y vanos en arco de medio punto en cada una de sus caras. La iglesia alberga a la Patrona de Ejea de los Caballeros, la Virgen de la Oliva.

Desde el punto de vista arquitectónico, lo más destacable del interior es la solución de la planta de cruz latina. Sobre el crucero se halla una linterna octogonal apoyada sobre pechinas. Éstas descansan su peso sobre un haz de pilares, mientras que el resto de la cubierta del edificio lo hace sobre arcos fajones y bóvedas de lunetos.

Existe una nave central bien definida, junto con amplios brazos del crucero. A ambos lados de la nave central y hasta dicho crucero, encontrará dos pequeñas capillas, que se comunican mediante vanos. La cabecera es plana.

 

La mayoría del arte mueble de la iglesia de la Virgen de la Oliva procede de conventos ejeanos desamortizados y de iglesias y ermitas ya desparecidas. Siguiendo desde la entrada hacia la parte derecha podemos ver:

1. Capilla primera. Aquí se encuentra un retablo de José Luzán, en cuyo taller se formó Francisco de Goya, datado en el año 1781 y dedicado a San Antonio de Padua.

2. Capilla segunda. El retablo que encontrará aquí está dedicado a Santa Casilda. La talle de madera policromada, de influencias tardorrococó (siglo XVIII), se data en la segunda mitad del siglo XVIII. También hay otras dos imágenes: Santa Quiteria y San Antón.

3. Brazo derecho del crucero. En el frontal del brazo se encuentra de nuevo un monumental lienzo de José Luzán. Se trata de una Inmaculada del año 1781, procedente del extinto Convento de los Capuchinos. En un lateral podemos ver también un retablo del Sagrado Corazón de Jesús, una obra neoclásica a caballo entre los siglos XVIII y XIX. En el otro lateral está el lienzo de la Virgen de la Caridad (finales del siglo XVII).

4. Altar mayor. Su retablo mayor tiene claras influencias del arte neoclásico. Puede fecharse a finales del siglo XVIII. En el centro se halla la imagen titular, la Virgen de la Oliva. Es una talla gótica de estilo franco-borgoñón del siglo XIV. El nombre proviene del Monasterio Cisterciense de la Oliva, en Carcastillo (Navarra), desde donde se trajo la imagen en el año 1600. Los frailes navarros de la Oliva -podemos ver a dos santos del cister flanqueando a la Virgen: San Benito y San Bernardo– constatan su presencia en Ejea desde el siglo XII, pues ya tenían concesión de tierras en esa época. En lo más alto del retablo se encuentra San Juan Bautista, que junto a la Virgen de la Oliva, son patrones de Ejea de los Caballeros.

A ambos lados del altar mayor se encuentran sendos cuadros que representan escenas de la tradición ejeana. Fueron pintados por Fraustaquio en el año 1804 y son: La Batalla de Luchán (derecha) y Traslado de la Virgen de la Oliva a Ejea (izquierda). Ambos lienzos constatan la fisonomía del casco histórico de Ejea, además de la existencia de algunas de las catorce ermitas que tenía nuestra villa. En el lado derecho del altar hay una escultura dedicada al Sueño de San Alejo, del siglo XIX, colocada en una urna acristalada.

5. Brazo izquierdo del crucero. Lo primero que con lo que nos vamos a topar es con el retablo de San José, de estilo neoclásico y fechado entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

En la parte frontal del brazo, se observa un retablo barroco del año 1726. Está dedicado a la Virgen del Rosario, cuya talla podemos ver en el centro, acompañándola a cada lado por San Francisco de Asís y San Antonio de Padua. Este retablo se encontraba en la iglesia del ya desaparecido Hospital del Mercado, que se localizaba en los números 2 y 4 de la calle Ramón y Cajal de nuestra localidad, donde tenía su sede la Cofradía del Rosario.

En el lado izquierdo del brazo se halla el lienzo de San Francisca Romana (siglo XVIII)

Antes de salir de la zona del crucero debemos detenernos para contemplar las pinturas de las cuatro pechinas, para lo cual deberemos elevar la mirada. Su autor es Luis Muñoz, que las pintó entre mayo y octubre de 1792. Las imágenes representan a las cuatro heroínas del Antiguo Testamento: Débora, Jael, Judit y Esther. El estilo de las pinturas denota un academismo clasicista.

6. Capilla cuarta. Nos encontramos con el retablo de San Roque (primer tercio del siglo XVIII), que se encuentra entre San Isidro y San Cristóbal. En el ático vemos un lienzo barroco de Santa Isabel de Hungría, flanqueado por dos esculturas de Santo Domingo Guzmán y San Carlos Borromeo.

7. Capilla quinta. Podemos ver un Santo Cristo barroco del primer tercio del siglo XVIII, de bella ejecución y gran realismo.

Al finalizar este recorrido nos encontraremos debajo del coro, que es coetáneo a la construcción de la iglesia. En él existen también algunas pinturas barrocas que podemos contemplar: la Venida de la Virgen del Pilar, la Virgen de la Caridad y San Fidel de Sigmaringa.

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