Sekia, Segia, Egessa, Siya, Exea y, por fin, Ejea, Ejea de los Caballeros: estos algunos de los nombres que le han dado los hombres a lo largo de la Historia. Nombres que tienen detrás vivencias, padecimientos, alegrías y retos; nombres que han hecho de Ejea lo que ahora es.

Sekia un centro emisor de moneda

Nuestro recorrido arranca de muchos años antes del nacimiento de Jesucristo; exactamente de hace 10.000 años. Es en ese momento histórico donde los arqueólogos han encontrado en sus tierras indicios de épocas tan pretéritas como la Edad del Bronce, el Calcolítico o, incluso, el Neolítico. Entre los años 800 y 184 antes de Cristo, su territorio fue testigo del paso de diferentes pueblos y tribus. Vascones, cerretanos, iacetanos, largentes, sedetanos y suessetanos fueron y vinieron por sus tierras o por los alrededores de ellas. De todos ellos, fueron los suessetanos los que se asentaron en el territorio que hoy todos conocemos como término municipal de Ejea. Desde el 600 antes de Cristo los suessetanos crearon Sekia, el primer nombre conocido como núcleo de población. Los suessetanos, de origen indoeuropeo y englobados dentro de los pueblos íberos, establecieron, incluso, en Sekia un centro emisor de moneda.

Los suessetanos debieron sucumbir al impulso invasor de los romanos en el año 184 antes de Cristo. Los romanos le pusieron otro nombre -Segia- y emprendieron una intensa labor colonizadora en su área de influencia. La calzada Zaragoza-Pamplona se constituyó en la columna vertebral de las comunicaciones que atravesaban sus tierras. Los romanos se aprovecharon de las condiciones innatas de Ejea para el cultivo del cereal y extendieron una red de vías secundarias que daban acceso a las villas y los asentamientos de la población.

La presencia de los romanos en lo que hoy es Ejea de los Caballeros está comprobada por la abundancia de numerosos restos arqueológicos: lápidas funerarias, cerámica, tramos de calzada, miliarios como el de Sora, datado en el año 9 a. C., los baños de Bañera, los utensilios de la vida cotidiana encontrados en La Corona y las construcciones hidráulicas, como el azud de Arasias.

El valor de los hijos de Ejea se reflejó en un acontecimiento del que los historiadores romanos dejaron buena nota. Sosinadem, Sosimilus, Urgidar, Gurtarno, Elandus, Agirnes, Nalbeaden, Arranes y Umargibas. Estos nueve guerreros segienses, los primeros ejeanos de los que conocemos su nombre, formaron parte del “Escuadrón Zaragozano” que el Imperio Romano reclutó en tierras extranjeras para luchar en la Guerra de los Aliados, en el año 88 a.C.. Estos primeros ejeanos demostraron un valor destacado en el asedio de la ciudad de Ascoli. Por eso, en el año 89 a.C., Roma los distinguió con la concesión de la ciudadanía romana, siendo la primera vez que los romanos la concedían a guerreros extranjeros.

La caída del Imperio Romano supuso para Ejea un periodo de decadencia. A partir del año 545 después de Cristo, su territorio entró en un proceso de desertización demográfica y de disminución del tono de la vida socioeconómica. La zona de Ejea quedó bajo el dominio de un terrateniente hispanorromano, el Conde Casio. Su poder abarcaba desde las tierras ejeanas hasta la vecina Tudela, en lo que hoy es Navarra. Se trataba de un amplísimo territorio en el que la explotación cerealística y la ganadería eran las principales actividades económicas. Estos visigodos hispanorromanos le dieron otro nombre, Egessa, el cual aparece en algunas monedas encontradas en sus suelos.

Los musulmanes llegaron hasta los límites ejeanos en el año 714, tres años después de su desembarco en la Península Ibérica. Se encontraron con un país desunido y débil, por lo que no hallaron demasiada oposición en los que aquí ya vivían. Por lo que se refiere a Ejea, los musulmanes se toparon con una zona dominada por el Conde Casio. Aplicando una política de conversión no violenta, los musulmanes llegaron a un pacto con el Conde: éste se convirtió al Islam, manteniendo todas sus posesiones pero rindiendo pleitesía al nuevo poder instalado. De este modo, nació la dinastía muladí de los Banu Qasi.

El núcleo de población más importarte de la zona lo monopolizó Ejea. Los musulmanes le volvieron a cambiar el nombre: Siya. La Siya musulmana ocupaba urbanísticamente parte de lo que hoy todos conocen como La Corona, el lugar más alto y mejor defendible. Allí se estableció la zuda -la fortaleza defensiva-, las mezquitas y el caserío, con un barrio muzárabe donde se ubicó la poca población cristiana que permanecía en Ejea.. Los musulmanes desarrollaron su actividad económica en la agricultura, aprovechando al máximo las posibilidades del regadío. Extendieron el sistema azud-acequia en las zonas paralelas a los ríos Arbas, sistema que aún hoy persiste en la Huerta Vieja.

En esta época, la importancia de Ejea residía más en el aspecto estratégico que en el socioeconómico o demográfico. Ejea era el asentamiento musulmán más al norte respecto a los focos de resistencia cristianos en el Pirineo, los futuros reinos y condados aragoneses. El interés que los cristianos mostraron por ella fue temprano. En los años 907-908 el rey pamplonés Sancho Garcés I ya quiso arrebatarla a los musulmanes. En el año 1091, Sancho Ramírez lo volvió a intentar sin éxito. Pero en el año 1105 los seguidores del Islam no pudieron soportar el empuje de Alfonso I el Batallador. Ese año los cristianos la conquistan de forma definitiva: de Siya musulmana paso a ser la Exea cristiana.

Cinco años después de su conquista, Alfonso I el Batallador le concedió Carta Puebla. Era el año 1110. Se trata de un instrumento legal a través del cual se establecieron los límites territoriales y se arbitraron una serie de normas jurídicas para los nuevos pobladores. Hay que decir que en las tierras ejeanas no quedó ningún musulmán y que el rey de Aragón lo que pretendía era atraer nuevas gentes. Uno de los elementos que aseguraban la llegada de nuevos pobladores, los futuros ejeanos, fue su declaración como villa de realengo, que dependía directamente del rey de Aragón. Con esto se conseguían dos objetivos: se daba seguridad física a los nuevos pobladores, que, de este modo, eran considerados como hombres libres; y el rey, a través de sus funcionarios, tenía el control absoluto sobre una villa que era estratégicamente muy importante, por ser frontera entre musulmanes y cristianos primero y entre aragoneses y navarros después.

Por la Carta Puebla y por las posteriores confirmaciones de privilegios reales, los pobladores de Ejea gozaron de importantes prerrogativas: sobre núcleos de población vecinos para explotar el uso del agua, para usar el monte, para poner en explotación nuevas tierras de cultivo, para regular el pasto del ganado y para eximirse del pago de algunos impuestos reales.

Además de los pobladores cristianos,  Exea se nutrió con la llegada de los judíos, un pueblo muy importante dentro dela Historia de la Corona de Aragón. Los judíos gozaban de no pocos privilegios, los cuales estaban tutelados directamente por el rey de Aragón. Las noticias sobre los judíos ejeanos son abundantes. Por ejemplo, en el año 1208, Pedro II de Aragón les concedió el Castillo de Ortes y los espacios adyacentes con la intención de que los poblaran.

El espacio que los nuevos pobladores cristianos y judíos ocuparon sobre el territorio fue el antiguo ámbito de la Siyamusulmana, localizado en el actual barrio de La Corona. Es, pues, en este periodo medieval cuando se produce el desarrollo de su urbanismo. En el vértice de La Corona se afianzó ub recinto amurallado que reaprovechaba la zuda musulmana. En ese recinto se estableció la Abadía, sede de los monjes franceses de Selva Mayor, que se encargaron de la cristianización y de recaudar los diezmos. Junto a la Abadía estaba la iglesia de San Juan, primer edificio cristiano tras la conquista. Alrededor de este espacio defensivo-religioso, se comenzó a reocupar el caserío musulmán y a construir otro nuevo.

La construcción de la iglesia de Santa María, que se consagró en 1174, es el elemento fronterizo de la primera expansión demográfica y urbanística cristiana. Este momento coincide con la construcción de la primera muralla, la que recorrió todo el contorno sur de La Corona, desde la calle Cantamora hasta la Torre de la Reina, pasando por los Carasoles y la calle Tajada. Dentro de este primer anillo, junto a las casas de los ejeanos, estaría el barrio judío, el Estudio de Gramática y Dialéctica, el palacio real de Jaime II,  y el cementerio, en los alrededores de la iglesia de San Juan primero y de la iglesia de Santa María después.

El aumento de población que experimentó Ejea en la primera mitad del siglo XIII instó a los pobladores a construir casas fuera de la primera muralla y a desparramar el caserío hacia el sur, hacia la tierra llana. La construcción de la iglesia de San Salvador, consagrada en 1222, al este y de la ermita de la Virgen de la Oliva al oeste son los dos vértices de este momento de expansión.

Una segunda muralla se trazó entonces siguiendo la actual línea que marca el Paseo del Muro. La puerta de Zaragoza, junto a la iglesia de San Salvador, la puerta de acceso a la Plaza (la actual Plaza España) y la puerta de Huesca, al comienzo del Barrio Huesca (hoy calle Ramón y Cajal) eran los puntos de entrada a este trazado urbano.

Fuera del caso urbano medieval, existían diversas ermitas. La de San Matías dio origen al monasterio de los franciscanos. Lo demás eran huertas junto a los Arbas, campos de cereal en el secano y monte para el ganado ovino y para la explotación forestal.

Durante la época medieval Ejea fue protagonista de hechos trascendentes. Por ejemplo, en 1265, Jaime I el Conquistador convocó Cortes aquí, en las cuales se acabó de modelar la figura del Justicia Mayor de Aragón, que debía dirimir las disputas entre la monarquía y la nobleza. Hoy, la figura del Justicia está recogida en el Estatuto de Autonomía de Aragón como el defensor de los derechos de todos los aragoneses.

Los reyes de Aragón, desde Alfonso I, fueron dando y confirmando los fueros y privilegios de Ejea: derechos sobre la explotación  de las aguas de los ríos, exenciones fiscales, derecho de escaliar, privilegio de infanzonía …. De todos ellos existe constancia documental en el Archivo de la Corona de Aragón y en el Archivo Histórico Municipal.

La Baja Edad Media recoge dos momentos claves para Ejea y para los ejeanos: el apoyo a los Unionistas en su disputa con el rey Pedro IV de Aragón (1348) y la incorporación definitiva a la Corona de Aragón, además del derecho de infanzonía concedido por Alfonso V (1428).

Durante los siglos XV al XVIII vivió Ejea de los Caballeros un periodo de esplendor socioeconómico, de auge artístico y de afianzamiento político como uno de los núcleos de población más importantes de Aragón. Ser una villa de realengo, configurar a los ejeanos como hombres libres, tener unos privilegios consolidados y contar con unas inmensas extensiones de monte comunal le dotaron de unas herramientas utilísimas para experimentar un desarrollo completo.

Viva muestra de ese esplendor son los numerosos edificios que en este periodo se construyeron en su suelo, edificios que sobre todo tenían un origen religioso o partían de la iglesia. Ello demuestra el poder que ésta atesoró en Ejea. Algunos ejemplos son el Hospital del Mercado (siglo XV), el convento de las Clarisas (1630) y el convento de los Capuchinos (siglo XVII), ubicado cerca de la ermita de la Virgen de la Oliva. Además, numerosas obras de arte -pintura, escultura, orfebrería- se crearon en este momento a cuenta de los ingresos que la iglesia y los ricos hombres ejeanos recopilaban. También destacable es la actividad del Estudio de Gramática y Dialéctica, sobre todo a partir del año 1546.

A lo largo de los siglos XVI y XVII Ejea de los Caballeros, se fue consolidando. El ser una de las villas más importantes de Aragón lo confirma el hecho de que en 1527 el rey Carlos I de España la visitó, reafirmándole todos mis privilegios y el derecho de infanzonía.

Uno de los golpes más duros que la Historia proporcionó a Ejea de los Caballeros fue la Guerra de Sucesión. Ante los dos candidatos a ocupar el trono de España dejado por Carlos II, el Hechizado, -el archiduque Carlos de Austria y el borbón Felipe de Anjou- Ejea se decantó por el Archiduque. La Guerra de Sucesión, que dilucidó esta disputa que llegaba más allá de las fronteras de España, dio como ganador a Felipe de Anjou, el futuro Felipe V, con lo que la dinastía de Borbón ocupó la Corona Española.

Felipe V sitió Ejea en 1706 y destruyó, saqueó, incendió y extendió la muerte hasta extremos insospechados. Ese fue un duro momento para los ejeanos, que se vio acompañado, después, con el castigo de perder la capitalidad del nuevo Corregimiento de las Cinco Villas en favor de Sos del Rey Católico, que sí había sabido ponerse del lado del ganador. Más adelante, otros momentos también fueron  difíciles, como la ocupación francesa durante la Guerra de Independencia.

Una constante de las gentes que poblaron Ejea de los Caballeros fue la regulación del agua, un bien muy escaso por estos lares. Esa obsesión ya arranca del siglo XVIII. En 1768, un capitán de infantería llamado Juan Mariano Monroy presentó a Carlos III un proyecto quizás inviable económicamente en esa época, pero revelador de lo que pasó muchos años después en el siglo XX. Dicho proyecto de Monroy pretendía la construcción de un canal de riego que partiendo del río Aragón, y después de regar la llanura cincovillesa,  desaguara en el Canal de Tauste, regando en total 15.263 hectáreas.

Después de la derrota de los franceses en la Guerra de la Independencia, la situación en las tierras ejeanas volvió a normalizarse. La Restauración, con la regencia de la reina María Cristina volvió a reubicar Ejea internamente. Además, en 1834, se creó el partido judicial de Ejea de los Caballeros,  que articulaba al centro-sur de las Cinco Villas.

Será a finales del siglo XIX cuando la economía de Ejea empezará a notar los primeros signos de transformación mediante un proceso lento pero constante de roturación de tierras para la explotación cerealística y de la introducción de nuevas técnicas e innovaciones agrarias.

Ese proceso de roturación de tierras se reforzó en el primer tercio del siglo XX, incentivado por la desamortización de dehesas de propios y por la puesta en activo de los montes comunales. Además, en este comienzo del siglo XX, la inquietud de los ejeanos introdujo innovaciones tecnológicas importantes en el campo: el arado con vertedera (el braván), el uso de abonos minerales que apoyaran al biológico y las segadoras y trilladoras a gasolina. También se desarrolló una incipiente industria de maquinaria agrícola que fue la génesis de un sector por el que ahora Ejea es conocida en toda España.

La llegada del tren en 1912, la línea Sádaba-Gallur, articuló la comarca, aunque más se hubiera prosperado si los intereses privados no hubieran frenado el diseño de una línea que a todas las Cinco Villas hubieran convenido más: la Sádaba-Zuera. No obstante, la estación de Ejea y el ferrocarril supuso un incentivo para su economía.

Pero el hecho histórico-económico que transformó de verdad el aspecto de Ejea de los Caballeros fue la construcción del Pantano de Yesa y del Canal de las Bardenas. Ambos fueron consecuencia directa del Plan Aragón: el proyecto del Canal es de 1924 y el del Pantano de 1926. En 1959 se inauguró el pantano y el Canal de las Bardenas: 470 Hm3 de capacidad del pantano, 150 Km de longitud del Canal, 97.300 hectáreas regadas y la construcción de pueblos de colonización (seis en Ejea) dieron un vuelco a la estructura demográfica (aumentó la población a partir de los años 60), económica (la agricultura de regadío disparó la economía), urbanística (expansión por el Ensanche) y social (nuevos comportamientos y actitudes).

Hoy, en los tiempos que discurren por nuestras vidas, de nuevo el Pantano de Yesa y el Canal de las Bardenas son elementos que se barajan para asegurar el porvenir de Ejea, de los ejeanos y de los cincovilleses. De nuevo el agua es para Ejea de los Caballeros, el elemento vital para asegurar un desarrollo con futuro y con canales de crecimiento creíbles.

Por eso, para los ejeanos y ejeanas, el agua es vida.